Leit Motiv y la puesta al día del surrealismo chileno

Eduardo Becerra

La aparición de Leitmotiv. Boletín de hechos e ideas en diciembre de 1942 supuso un cambio de orientación muy relevante respecto a la evolución seguida por Mandrágora en su última etapa. Dirigida por Braulio Arenas, un análisis atento a sus dos únicos números —el segundo de ellos doble— revela de inmediato que Leitmotiv no debe ser considerada, como así se desprende de la atención prestada por la crítica, representación de una etapa meramente epigonal del surrealismo chileno que poco habría aportado a la travesía del grupo anteriormente aglutinado en torno a Mandrágora. Por el contrario, Leitmotiv constituye un proyecto más ambicioso y cuidado que el de su antecedente.

El primer número de Leimotiv aparece en diciembre de 1942 y el segundo, que reúne en un solo volumen los números 2 y 3, justo un año después. Frente al sesgo localista en el que había derivado Mandrágora, sobre todo en sus últimos números, Leitmotiv supuso una decidida apuesta por la internacionalización del surrealismo chileno y un esfuerzo convencido por conectar con la actualidad surrealista del momento y participar en ella con propuestas propias. Al mismo tiempo, frente a la sobriedad de Mandrágora, su continuadora ofrece una mayor calidad en sus materiales y diseño e incorpora, especialmente a partir del número doble 2-3, un fuerte impulso a los elementos de carácter gráfico: pinturas, grabados, collages, fotografías ocupan ahora un lugar central en sus páginas. En este punto, la revista ilustra la importancia que el surrealismo otorgaba en ese momento a la literatura y a la pintura como los medios de expresión fundamentales de sus actividades. Se despliega un diálogo constante entre palabra e imagen, entre poemas y collages, fotografías, grabados y pinturas —firmados por artistas visuales como Erich G. Schoof, Roberto Matta, Man Ray y asimismo Braulio Arenas y Jorge Cáceres—, reunidos por lo general en las mismas páginas; con ello se trataba de exprimir las posibilidades expresivas de ambos campos indagando en sus convergencias y divergencias.

La apuesta por la internacionalización y la actualización de las propuestas surrealistas chilenas que Leimotiv encarna se constata definitivamente en sus contactos y afinidades con VVV, revista dirigida por Breton que se publica entre 1942 y 1944 una vez instalado el autor de Nadja en Nueva York tras su salida de Francia, a causa de la segunda guerra mundial, y su paso por Martinica, donde coincide con Aimée Césaire, acompañado por el pintor cubano Wilfredo Lam.

Estos contactos revitalizarán el interés bretoniano por las culturas primitivas americanas, del que ya había dado muestras durante su estancia en México en 1938, lo que constituirá una de las líneas fundamentales en la evolución inmediatamente posterior del movimiento. Así quedará reflejado en el texto de André Breton Prolegómenos a un tercer manifiesto surrealista o no, de 1942. VVV se convertirá en portavoz de las nuevas directrices surrealistas y el modelo a seguir para Leimotiv. En el número 2-3 de VVV, de 1943, se reproduce una carta de Braulio Arenas dirigida a Breton en la que insiste en la necesidad de superación del localismo que representó Mandrágora y proclama su adhesión a la «posición internacional del surrealismo». Leimotiv incluye en su primer número, y solo unos meses después de su aparición en VVV, la traducción de Prolegómenos a un tercer manifiesto surrealista o no, con lo que constata esa intención de estar al día respecto a las dinámicas del surrealismo en un plano global. Pero será en su siguiente y último número cuando Leitmotiv estreche sus lazos con la publicación neoyorquina: desde el formato de portada, que reproduce el modelo de VVV, hasta la inserción en la pág. 2 de Leitmotiv de publicidad del número 2-3 de VVV, pasando por la inclusión de poemas de Benjamin Péret, Aimé Césaire y André Breton, en ese momento el núcleo duro de la sección literaria del movimiento. El pintor chileno Roberto Matta puede considerarse uno de los nexos de unión más visibles y significativos entre ambas publicaciones. Con su reencuentro con Breton en Nueva York, Matta tendrá una importante presencia en VVV, hasta el punto de ser el responsable de la portada del último número, y también del último volumen de Leitmotiv, lo que indica la representatividad que atesoraba en ese momento en el campo de las artes plásticas.

El volumen que recogía los números 2 y 3 será el último de la breve peripecia de la revista. A pesar de la brevedad de esta aventura, Leitmotiv desmonta en parte algunos de los reproches más recurrentes que la crítica proyectó sobre el surrealismo chileno, preferentemente su carácter anacrónico y su excesivo sesgo localista. Constituyó una tentativa tan breve como prometedora de conectar el surrealismo chileno con el desarrollo del movimiento surrealista internacional, en un momento de revisiones y replanteamientos fundamentales para su trayectoria posterior. 

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